¿Cómo buscar temas, mi musa, Mientras tú alientas, que a mi verso infundes Tu dulce inspiración, harto preciosa Para exponerla en un papel grosero? Agradécete a ti, si algo de mi obra Digno de leerse encuentra tu mirada: ¿Quién tan mudo será que no te escriba Cuando tu luz aclara lo que inventa?
Sé la décima musa y sé diez veces Mejor que las antiguas invocadas, Y otorga a quien te invoque eternos versos Que sobrevivan a lejanos siglos.
El reflejo me engañó, la distancia con el espejo no me dejaba averiguar que brillaba en mi cabeza y que no se desprendía de ella al sacudirme el pelo con la mano.
Era una cana.
Una entre tantas que fui descubriendo mientras me acercaba a mi reflejo.
Salía del baño, y ya por el pasillo pensaba como pasaba el tiempo. Por supuesto, no me planteaba que es la vida – cuantos autores se removerían en su tumba si siquiera lo hubiese intentado -, sólo como el tiempo se va y no vuelve.
Quise bajar de mi piso caminando hacia atrás, sentarme en mi coche y colocar la palanca de cambios en la posición R, y acelerar. Quería empezar a marchar hacia atrás, para volver a mi calle y reencontrarme con mi furia aparcado en la puerta de casa. Pero no pare allí, volví a sentarme en aquellos oscuros asientos, y mientras recuerdos de cada kilometro de felicidad me acompañaban, mi retroceso en el tiempo me hacia mas joven y me llevaba hasta las calles del mesón. Mire mi moto, me senté en ella y al arrancarla volví a escuchar ese sonido que tantos debían odiar cuando caía la noche. Con ella continúe mi camino – mi inverso camino – hasta que esas dos ruedas necesitaban del impulso de mis pies para poder moverse, pero no importaba el esfuerzo, éramos los dueños de la calle. Pero esa calle aun me llevaba más atrás, a otra mas estrechas y empinadas, con todas esas escaleras que subían a las callejas. Y allí estaba, en mi primer hogar, con mis ojos de niño. Unos ojos que podían mirar en la dirección que habían llegado y verme sentado golpeando estas teclas.
Y mirándome a mis propios ojos seguía sin plantearme que es la vida, solo como la he vivido y como vivir todo lo que me queda.
El como vivir me lo planteo cada día, pero eso si, sin olvidar vivir ese mismo día. El como viví, o mejor aun, el como quise vivir, si que me hizo pensar. Pensar y darme cuenta de cómo va cambiando esa forma de la que quieres vivir. Durante un maravilloso tiempo mis preocupaciones eran que el reloj márquese las 14:00 para poder irme a casa, que mi canica entre en el hoyo para llevármelas todas, o conseguir la estampita que me falta del Madrid – lo mejor era conseguir un fichaje y pegarlo solo sobre el filito para poder seguir viendo la de abajo -. Luego se va ampliando el mundo, te importa la bici y los amigos, después la moto y las chicas, y mientras tanto, si la curiosidad se presenta, vas creyendo que puedes cambiar ese mundo. El tiempo no para, y mientras intentaba revolucionar como el Che, pintar las paredes como el Sex o que me respetaran como al Padrino, los pasos me traían hasta donde hoy estoy. Y aunque ahora sienta que las palabras pueden cambiar mas que las balas, que el arte seguirá en mi aunque los demás no lo puedan ver o que prefiera ser el Coronel Frank Slade – Al Pacino en “esencia de mujer” – a Vito Corleone; no todo se ha quedado en el camino, pues lo que quise ser y lo que fui, son los cimientos de lo que hoy soy.
Al fin y al cabo, no está tan mal tener canas, tengo menos posibilidades de quedarme calvo.
Música y pintura, a cual más necesaria en mi vida… no se tocar ningún instrumento, pero los vellos se me ponen de punta cuando escucho una dulce melodía; no sé de compositores ni entiendo pentagramas, pero como se ordenan las notas en mi oído me hace sentir vivo; tampoco se de historia del arte, pero si de lo libre que me siento cuando dibujo; no entiendo de técnicas o estilos, pero cualquier obra me transmite mas sentimientos, que conocimientos todos los libros que puedas leer sobre arte; desconozco las vida de músicos y pintores, pero conozco que se siente cuando tus trazos se dejan guiar por un ritmo y te eleva.
Cada cual tiene su momento. Hay días en los que mi musa parece estar perezosa, y no encuentro inspiración en ningún rincón de mi mente, y otros que mis manos fluyen como si no volviese jamás a unir lápiz y papel. Hay días para pintar sonrisas y lágrimas, y días en los que el papel es un mar infinito que no sabes por dónde comenzar. Días en los que los trazos se ordenan perfectos cual poeta equilibrando versos, y días que los trazos van a la deriva como el compositor que no encuentra el tono.
Pero si algo sabe encontrar su tiempo y su espacio es la música, capaz de crear sentimientos o de grabarlos aun más en tu alma. Conoce todas las virtudes y defectos del hombre, y no hay sentimiento sobre el que no se haya, o por el que se haya, compuesto. Puedo dejarme fluir por un ritmo de samba y bossa, como puedo sentir el latir de las cuerdas, el saxofón y de la trompeta de Jazz. Puedo dormir sobre notas de soul , o mostrarte enfermo de juventud y revolución a ritmo de rock. Puedo perder la cabeza entre sonidos electrónicos, volver locos mis pies con el ska o romper mi cuello con rimas del rap. Puedo regalar mis oídos a la música indie, como regalo mi alma al 3x4 del carnaval gaditano en febrero o me dejo seducir por ritmos mestizos en plena playa.
No, no soy músico, no soy un gran artista; pero no hay obra que no me haga sentir o ritmo que no me haga vivir.
A las cinco de la tarde. Eran las cinco en punto de la tarde. Un niño trajo la blanca sábana a las cinco de la tarde. Una espuerta de cal ya prevenida a las cinco de la tarde. Lo demás era muerte y sólo muerte a las cinco de la tarde.
El viento se llevó los algodones a las cinco de la tarde. Y el óxido sembró cristal y níquel a las cinco de la tarde. Ya luchan la paloma y el leopardo a las cinco de la tarde. Y un muslo con un asta desolada a las cinco de la tarde. Comenzaron los sones de bordón a las cinco de la tarde. Las campanas de arsénico y el humo a las cinco de la tarde. En las esquinas grupos de silencio a las cinco de la tarde. ¡Y el toro solo corazón arriba! a las cinco de la tarde. Cuando el sudor de nieve fué llegando a las cinco de la tarde cuando la plaza se cubrió de yodo a las cinco de la tarde, la muerte puso huevos en la herida a las cinco de la tarde. A las cinco de la tarde. A las cinco en Punto de la tarde.
Un ataúd con ruedas es la cama a las cinco de la tarde. Huesos y flautas suenan en su oído a las cinco de la tarde. El toro ya mugía por su frente a las cinco de la tarde. El cuarto se irisaba de agonía a las cinco de la tarde. A lo lejos ya viene la gangrena a las cinco de la tarde. Trompa de lirio por las verdes ingles a las cinco de la tarde. Las heridas quemaban como soles a las cinco de la tarde, y el gentío rompía las ventanas a las cinco de la tarde. A las cinco de la tarde. ¡Ay, qué terribles cinco de la tarde! ¡Eran las cinco en todos los relojes! ¡Eran las cinco en sombra de la tarde!
Defender la alegría como una trinchera defenderla del escándalo y la rutina de la miseria y los miserables de las ausencias transitorias y las definitivas
defender la alegría como un principio defenderla del pasmo y las pesadillas de los neutrales y de los neutrones de las dulces infamias y los graves diagnósticos
defender la alegría como una bandera defenderla del rayo y la melancolía de los ingenuos y de los canallas de la retórica y los paros cardiacos de las endemias y las academias
defender la alegría como un destino defenderla del fuego y de los bomberos de los suicidas y los homicidas de las vacaciones y del agobio de la obligación de estar alegres
defender la alegría como una certeza defenderla del óxido y la roña de la famosa pátina del tiempo del relente y del oportunismo de los proxenetas de la risa
defender la alegría como un derecho defenderla de dios y del invierno de las mayúsculas y de la muerte de los apellidos y las lástimas del azar y también de la alegría
Yo soy un hombre sincero De donde crece la palma. Y antes de morirme quiero Echar mis versos del alma. Yo vengo de todas partes, Y hacia todas partes voy: Arte soy entre las artes, En los montes, monte soy. Yo sé los nombres extraños De las yerbas y las flores, Y de mortales engaños, Y de sublimes dolores. Yo he visto en la noche oscura Llover sobre mi cabeza Los rayos de lumbre pura De la divina belleza. Alas nacer vi en los hombros De las mujeres hermosas: Y salir de los escombros Volando las mariposas. He visto vivir a un hombre Con el puñal al costado, Sin decir jamás el nombre De aquella que lo ha matado. Rápida, como un reflejo, Dos veces vi el alma, dos: Cuando murió el pobre viejo, Cuando ella me dijo adiós. Temblé una vez –en la reja, A la entrada de la viña.— Cuando la bárbara abeja Picó en la frente a mi niña. Gocé una vez, de tal suerte Que gocé cual nunca: --cuando La sentencia de mi muerte Leyó el alcalde llorando. Oigo un suspiro, a través De las tierras y la mar, Y no es un suspiro, --es Que mi hijo va a despertar. Si dicen que del joyero Tome la joya mejor Tomo a un amigo sincero Y pongo a un lado el amor. Yo he visto al águila herida Volar al azul sereno, Y morir en su guarida La víbora del veneno. Yo sé bien que cuando el mundo Cede, lívido, al descanso, Sobre el silencio profundo Murmura el arroyo manso. Yo he puesto la mano osada De horror y júbilo yerta, Sobre la estrella apagada Que cayó frente a mi puerta. Oculto en mi pecho bravo La pena que me lo hiere: El hijo de un pueblo esclavo Vive por él, calla, y muere. Todo es hermoso y constante, Todo es música y razón, Y todo, como el diamante, Antes que luz es carbón. Yo sé que el necio se entierra Con gran lujo y con gran llanto,-- Y que no hay fruta en la tierra Como la del camposanto. Callo, y entiendo, y me quito La pompa del rimador: Cuelgo de un árbol marchito Mi muceta de doctor.
Dedicado a Bruno González, para los días de sol que nos quedan por disfrutar.
No dejes que termine el día sin haber crecido un poco, sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños. No te dejes vencer por el desaliento. No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte, que es casi un deber. No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario. No dejes de creer que las palabras y las poesías sí pueden cambiar el mundo. Pase lo que pase nuestra esencia está intacta. Somos seres llenos de pasión. La vida es desierto y oasis. Nos derriba, nos lastima, nos enseña, nos convierte en protagonistas de nuestra propia historia. Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa: Tu puedes aportar una estrofa. No dejes nunca de soñar, porque en sueños es libre el hombre. No caigas en el peor de los errores: el silencio. La mayoría vive en un silencio espantoso. No te resignes. Huye. "Emito mis alaridos por los techos de este mundo", dice el poeta. Valora la belleza de las cosas simples. Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas, pero no podemos remar en contra de nosotros mismos. Eso transforma la vida en un infierno. Disfruta del pánico que te provoca tener la vida por delante. Vívela intensamente, sin mediocridad. Piensa que en ti está el futuro y encara la tarea con orgullo y sin miedo. Aprende de quienes puedan enseñarte. Las experiencias de quienes nos precedieron de nuestros "poetas muertos", te ayudan a caminar por la vida La sociedad de hoy somos nosotros: Los "poetas vivos". No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas ...
Quisiera rediseñar el logo de la cabecera, esta a mano, y me gustaria mantener ese estilo pero mas limpio y a ordenador. Si alguien sabe manejarse, y se anima, me encantaria ver vuestras ideas. Un saludo